sábado, 28 de noviembre de 2015

DIARIO EN UN CAMPO DE CONCENTRACIÓN

26 de agosto de 1945

Empiezo este diario para demostrar a todo el mundo lo que nos están haciendo. Me llamo Szymon y tengo catorze años. Llevo seis meses aquí. Hoy me he levantado y he salido al exterior. El hambre no me ha desaparecido. Es más, se ha intensificado. He saludado a mi amigo Lukasz y me he sentado en el suelo. He estado así dos horas, con el miedo acompañándome. Al mediodía, han llegado los soldados. Yo me he escondido dentro de la cama, como de costumbre, ya que tengo mucho miedo. Como siempre, me han encontrado y me han pegado.

27 de agosto de 1945

Ver a decenas de personas yendo directos a la cámara de gas me provoca tristeza y pánico. Mi amigo está desesperado. Un día de estos nos cogerán para llevarnos a la cámara de gas. Nos hemos pasando el día andando, evitando los soldados e intentando encontrar la valla que separa la libertad de este lugar. Hemos descubierto que estamos muy lejos de la valla. Cuando hemos llegado, se estaba haciendo de noche. No hemos encontrado ninguna salida.

28 de agosto de 1945

Mis padres no están conmigo. Se los llevaron a otro campo de concentración. No sé cuál es. Cada día estoy pensando en ellos. Hoy no he encontrado a Lukasz hasta la tarde. Estaba muy debilitado y no podía hablar. Cuando lo ha hecho, me ha dicho que se lo habían llevado a un lugar a hacer experimentos con él. He intentado tranquilizarlo, aunque no he podido.
                   

29 de agosto de 1945

Hoy me he sentado a recordar todo lo que había aprendido en la escuela. Echo de menos mi antigua vida. Mi amigo aún está recuperándose de lo que le habían hecho el día anterior, y se ha pasado todo el día en la cama. Mientras andaba sin rumbo alguno, he encontrado un fósil. Un fósil de Trilobites. Dieciocho centímetros aproximadamente. Lo he enseñado a Lukasz, y he podido hacerle sonreír.

30 de agosto de 1945

Lukasz y yo hemos llegado andando hasta la valla que rodea el campo de concentración. Hemos vuelto a buscar alguna salida, pero nada. Los soldados no nos han molestado. Hemos podido comer unas cuantas hojas de una planta desconocida. No sabemos lo que son, pero da igual. Hemos podido comer y, por tanto, matar un poco el hambre. Mis esperanzas de volver a comer bien algún día son tan remotas como encontrar un árbol al mar.