sábado, 28 de noviembre de 2015

Mis vacaciones

Lunes 9 de enero de 1941: 
Mi nombre es Silvio, tengo diez años y me encuentro sentado en un tren, junto a centenares de personas, junto a mi padre y a mi madre. En el vagón no se podía respirar de tanto ardor corporal, había demasiada gente. Debido a eso mis problemas aumentaron, mi madre se fue al baño, pero no volvió. Mi padre y yo la buscamos desesperadamente pero no la encontramos. Empezábamos las vacaciones sin ella.


Martes 10 de enero de 1941: 
La noche en el tren se hizo larga, mamá no aparecía, no iba a disfrutar de las vacaciones, estaba muy preocupado. Al llegar a Polonia, unos señores con uniforme nos pusieron en fila y nos llevaron hasta una gran campo rodeado de vallas, quizás nos quisieran enseñar como pastaban los animales, sus conreos… Lo único que fallaba era la seriedad de los soldados, eran un poco agresivos.


Miércoles 11 de enero de 1941: 
Esas vacaciones no me gustaban, sin mamá no eran lo mismo y además nos pusieron unos pijamas de rayas apestosos. A parte teníamos que trabajar duro, bajo el sol, sin parar y casi sin agua ni comida. Si no hacías esto, unos soldados muy malos te azotaban con un látigo y te destrozaban la espalda. Quería volver a casa, pero debía encontrar a mamá.


Jueves 12 de enero de 1941: 
Busqué por toda las partes del campo, duchas de mujeres, vestuarios, todo, hasta pregunté a los guardias pero me gritaron mucho así que no me pareció buena idea. Aún así no tenía ayuda de nadie, allí no había ningún niño para jugar o explorar, ni para que me ayudará a encontrar a mamá. Papá todas las noches me decía que mamá volvería con nosotros, pero pasaban los días y no regresaba.


Viernes 13 de enero de 1941: 
Al levantarme por la mañana papá me dijo que se iba a duchar con unos hombres porque olían muy mal, yo quería ir, pero no me dejó, así que me quedé escondido en la cama hasta que volviese. Esperé todo el día, la noche estaba a punto de empezar pero nadie regresaba. Pasó y pasó el rato pero papá no volvía, mis padres me habían dejado solo, no me querían. No me quedaban ni fuerzas para llorar.