viernes, 11 de diciembre de 2015

Diario

Día 1:
“¡De pie! Todos arriba”, esas han sido las primeras palabras que he escuchado hoy al despertar. Aquel soldado con su mala cara, ha entrado en la choza y nos ha hecho levantar a todos. Como todos los otros días, no nos han dado nada más que una rebanada de pan para comer por la mañana. En días como los de
hoy, recuerdo los almuerzos a casa de mi abuela, cuando me preparaba aquella taza de chocolate con churros.

Día 2:
Hoy ha sido uno de los peores días en aquel lugar tan repugnante, llovía muchísimo y nos han hecho hacer una de las tareas más duras: llevar piedras desde una plana hasta un descampado al lado del río para poder construir un puente.No me gusta nada vivir aquí, en cuanto haces un amigo, un día se lo llevan y no vuelve. Cuando era pequeño no sabía el por qué de esto, pero ahora ya sí. Se los llevan y los matan, por eso yo intento pasar desapercibida porqué no quiero morir todavía.

Día 3:
Después de buscar horas y horas a mi madre, doy por imposible volver a encontrarla. He pasado todo el día andando por un lado, por allí, por aquí, por allá y ni rastro de ella. Tengo mucho miedo, ahora estoy en un  rincón de la habitación, llorando y escribiendo, por si algún día alguien encuentra esto, que sepa un poco de mi historia. Lo que decía, mi madre no está en ningún sitio, no sé que voy a hacer sin ella, era la que siempre me daba fuerzas para seguir adelante, para siempre tener algún motivo para sonreír, para tener esperanzas de volver a casa algún día y ahora… estoy perdida y el miedo se ha apoderado de mi.

Día 4: 
Esta tarde, en terminar de trabajar me he sentado al lado de un muro de piedra. He visto pasar muchos hombres, bajo el cargo de un soldado. Me fijaba con cada uno de ellos y como mi madre me decía siempre “es bonito observar a alguien y imaginar la vida que puede llevar”, y así lo he hecho. Todos tenían un rostro triste por lo que he supuesto que tampoco les gusta estar aquí. Después de ver muchísimas caras, una me ha sorprendido totalmente. En verla me he quedado de piedra. Era papá. Me he levantado muy rápido y he empezado a gritarle. Él se ha girado y en verme, unas lágrimas le han caído por su rostro. Sólo nos ha dado tiempo para decirnos un “te quiero” y un “pronto volveremos a estar todos juntos”.

Día 5:
Los gemidos de mamá han sido mi despertador hoy.  Primero, no los he reconocido, pero un tiempo después, cuando he visto una silueta acercándose a mí, rápidamente los he relacionado con ella. Lloraba de miedo y de emoción a la vez. En verla, he pegado un salto de la cama enorme, me he tirado a su cuello y me he puesto a llorar. Le he contado que vi a papá y que me dijo que pronto volveríamos a estar juntos y ella me ha dicho exactamente lo mismo. Ahora por fin tengo otra vez un hombro al que apoyarme. Espero que pronto podamos salir de aquí, porque es un infierno de los buenos.